¿+ó-?

Lo que vas a leer a continuación es un fragmento de una carta que escribió el estadounidense Leo Booth, y que hace no mucho me la he encontrado por un libro.  Nada que ver con marketing, pero sí mucho que ver con la vida. Dice más de lo que se escribe y escribe menos de lo que es. Párate, léelo detenidamente y saca tus propias conclusiones.

Estaba allí desde el primer momento,
en la adrenalina que circulaba por la venas de tus padres
cuando hacían el amor para concebirte,
y después en el fluido que tu madre bombeaba a tu pequeño corazón
cuanto todavía eras solo un parasito.

Llegue a ti antes de que pudieras hablar,
antes aun de que pudieras entender algo de lo que los otros te hablaban.
Estaba ya cuando torpemente intentabas tus primeros pasos
ante la mirada burlona y divertida de todos.
Cuando estaba desprotegido y expuesto,
cuando era vulnerable y necesitado.

Aparecí en tu vida de la mano del pensamiento mágico,
me acompañaban…
las supersticiones y los conjuros,
los fetiches y los amuletos…
las buenas formas, las costumbres y la tradición…
tus maestros, tus hermanos y tus amigos.

Antes de que supieras que yo existía,
yo dividí tu alma en un mundo de luz y uno de oscuridad.
Un mundo de lo que estaba bien y otro de lo que no lo está.

Yo te traje tus sentimientos de vergüenza,
te mostré todo lo que hay en ti de defectuoso,
de feo, de estúpido, de desagradable.
Yo te colgué la etiqueta de “diferente”,
cuando te dije por primera vez al oído
 que algo no andaba bien contigo.

Existo desde antes de la conciencia,
desde antes de la culpa,
desde antes de la moralidad,
desde lo principios del tiempo,
desde que Adan se avergonzó de su cuerpo
al notar que estaba desnudo… ¡y lo cubrió!

Soy el invitado no querido,
el visitante no deseado,
y sin embargo soy el primero en llegar
y el ultimo en irme.
Me he vuelto poderoso con el tiempo,
escuchando los consejos de tus padres
sobre como triunfar en la vida.

Observando los preceptos de tu religión,
que te dicen qué hacer y qué no hacer
para poder ser aceptado por Dios en su seno.
Sufriendo bromas crueles de tus compañeros en el colegio,
cuando se reían de tus dificultades.
Soportando las humillaciones de tus superiores.
Contemplando tu desgarbada imagen en el espejo
 y comparándola después con la de los “exitosos”
que se muestran por televisión.

Y ahora, por fin,
Poderoso como soy
y por el simple hecho
de ser mujer,
de ser negro,
de ser judío,
de ser homosexual,
de ser oriental,
de ser discapacitado,
de ser alto, pequeño o gordo…
puedo transformarte…
en un montón de basura,
en escoria,
en un chivo expiatorio,
en el responsable universal,
en un maldito bastardo desechable.

Generaciones y generaciones
de hombres y mujeres me apoyan.
No puedes librarte de mi.

La pena que causo es tan insostenible
que para soportarme,
deberás pasarme a tus hijos,
para que ellos me pasen a los suyos,
por los siglos de los siglos.

Para ayudarte a ti y a tu descendencia,
me disfrazare de perfeccionismo,
de altos ideales,
de autocritica,
de patriotismo,
de moralidad,
de buenas costumbres,
de autocontrol.

La pena que te causo es tan innata
que querrás negarme
y para eso intentaras esconderme
detrás de tus personajes,
detrás de las drogas,
detrás de tu lucha por el dinero,
detrás de tu neurosis
detrás de tu sexualidad indiscriminada.

Pero no importa lo que hagas,
no importa a donde vayas,
yo estaré allí,
siempre allí.

Porque viaje contigo día
 y noche sin descanso,
sin límites.

Yo soy la causa principal
de la dependencia,
de la posesividad,
del esfuerzo,
de la inmoralidad,
del miedo,
de la violencia,
del crimen,
de la locura.

Yo te enseñe el miedo a ser rechazado,
y condicione tu existencia a ese miedo.

De mi dependes
para seguir siendo esa persona buscada,
deseada,
aplaudida,
gentil y agradable
que hoy muestras a los otros.

De mi dependes
porque soy el baúl en el que escondiste
aquellas cosas más desagradables,
mas ridículas,
menos deseables
para ti mismo.

Gracias a mi,
has aprendido a conformarte
con lo que la vida te da,
porque después de todo,
cualquier cosa que vivas será siempre
más de lo que crees que mereces.

¿Has adivinado verdad?

Soy el sentimiento de rechazo que sientes por ti mismo.

SOY… EL SENTIMIENTO DE RECHAZO QUE SIENTES POR TI MISMO.

Recuerda nuestra historia…

Todo empezó aquel día gris en que dejaste de decir orgulloso ¡YO SOY!
y entre avergonzado y temeroso,
bajaste la cabeza y cambiaste tus dichos
y actitudes por un pensamiento:

YO DEBERÍA SER…

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